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La idea es compartir algunos artículos
tomados de diferentes medios, que me parecen
de interés en la concepción de mi
perspectiva del arte.
"Todo es cultura" de Prohibido Pensar.
Sandino Núñez.
Extracto de algunos pasajes del episodio.
http://sandinonunez.blogspot.com
El todo-es-cultura, así como el
todo-es-arte, nos congela en un respeto que
es como una especie de horror sagrado. Nada
debe ser tocado. La intervención es el mayor
de los pecados y se paga con un juicio por
totalitarismo.
La cultura, en su vocación democrática de
amplitud y respeto, termina por empujar al
otro a una radical museización.
Todo es cultura es la gran enfermedad
autoinmune de las sociedades occidentales
desarrolladas. La sociedad democrática,
víctima de su propio sistema defensivo, cae
en una especie de catatonia o de estupor. No
entiende que la tolerancia, la no
discriminación, el respeto por la
singularidad del otro, la no intervención,
termina por ser lo mismo que tachar al otro.
Es ignorarlo, no tener ya deseo del otro, no
tener y no querer tener ninguna hipótesis
sobre el otro. Todo se hunde dulcemente en
una especie de haraganería, de pachorra.
Haga lo que haga, el otro siempre va a estar
como perdonado por la mirada ecológica de un
yo extático que ya no dice y no hace nada.
Todo el espacio cultural se convierte en un
muro en el que se grafitea incesantemente,
como en facebook.
Eso que el intelectual culturalista invoca
como cultura popular, minoritaria o
subalterna solamente puede armar su revancha
contra la cultura culta hegemónica a
condición de aliarse con la cultura de
masas. Así se condena a una muerte
placentera: ser absorbida por la cultura de
masas. Y la cultura de masas es una mutación
exponencial de la hegemonía clásica. Procede
por captura, anexión y empuje. Se alimenta
de culturas alternativas y de voces
subalternas.
Barroco electoral de Prohibido Pensar.
Sandino Núñez.
Extracto de algunos pasajes del episodio.
http://sandinonunez.blogspot.com
¿Qué te dejó la campaña electoral? ¿Y las
piezas de televisión? ¿Y los mensajes que se
transmitieron?
Todas las campañas son iguales, pero esta
fue más igual que las anteriores. Parecería
que las campañas van a ser cada vez más
iguales a sí mismas, cada vez más la
caricatura o la parodia de una campaña. Las
campañas son una especie de suspensión de la
política para que aparezca el show electoral
mediático. No hay ciudadanos sino electores,
indecisos, franjas o nichos de mercado. No
hay políticos sino candidatos, caudillos,
líderes carismáticos. No hay ideas sino
frases, consignas, eslóganes. Las campañas
son una industria que da de comer a mucha
gente que funciona como amplificador o
multiplicador de la propia campaña (medios,
publicistas, politólogos, encuestadores,
periodistas, noteros, etc.). Así, termina
por ser fatalmente una especie de monstruosa
multiplicación de sí misma, como el fútbol,
los chimentos de la farándula, el programa
de Tinelli. Habría que pensar en ir parando
esa máquina de alguna manera.
Detengámonos un momento en una consigna que
repitieron hasta el cansancio los
periodistas, los politólogos, los
candidatos: “esta es una campaña sin ideas y
sin propuestas”. Es una frase tonta y sin
sentido, ya que presupone que hay otras
campañas que sí tienen ideas y propuestas,
como si por definición el show electoral no
fuera un juego de suspensión de ideologías,
doctrinas y conceptos
¿Qué evolución de los medios te imaginas?
Políticamente, la peor. En caso de que no se
corte o no se regule esa máquina infernal
ligada al oportunismo, la haraganería, el
facilismo, la ritualización de las
prácticas, la fetichización y las adicciones
generalizadas. En Argentina, por ejemplo,
los medios son la principal pata de un poder
lumpen posmenemista gigantesco tipo Miami
que crece exponencialmente, tragándose todo:
la cadena Macri - Narváez - Ricardo Fort es
la evolución misma del poder a una especie
de catch barroco monstruoso de mutantes,
operados, psicóticos con dinero y sus signos
convencionales más terrajas. Y entiendo que
esto no es mera singularidad de la cultura
argentina (aunque algo de esto haya), sino
que tiene que ver con las condiciones
estructurales favorables de la incubadora
mediática.
Erotismo o pornografía
Por: Ercole Lissardi (resumen)
La sexualidad y sus dimensiones están en el
centro de la vida humana y por consiguiente
en el centro de la cultura.
Lo que tiene este artículo son noticias
buenas y malas.
Las buenas son que la tal distinción entre
erotismo y pornografía no sirve para nada
porque el tal a priori (sugerir/mostrar) no
tiene nada que ver con la calidad de la obra
en cuestión.
Las malas noticias son que la verdadera
distinción es entre lo que es arte y lo que
no lo es, y esa determinación sí que no es
fácil porque nos obliga a despojarnos de
prejuicios y a sumergirnos en una
experiencia en la que sólo nuestras
resistencias, reacciones y entregas más
íntimas y profundas pueden decirnos si la
obra en cuestión está tocando niveles de
significación verdaderamente relevantes.
Cuando Penrose le preguntó qué pensaba de la
distinción entre erotismo y pornografía se
limitó a decir: "
Ah, porque
¿hay alguna diferencia? ".
¿Cómo se fundamenta esa distinción entre
erotismo/sugerir/arte y
pornografía/mostrar/no arte? Se nos dice
que, al limitarse a sugerir, el artista
respeta y acciona la imaginación del
consumidor del producto. Pero el que
muestra, y aún el que muestra hasta la
minucia, también respeta y acciona la
imaginación del consumidor, simplemente que
la pone a funcionar a un nivel distinto:
cree que sólo puede alcanzar el nivel al que
aspira siendo exhaustivamente concreto. Se
nos dice que al evitar el mostrar se evita
la obscenidad, que conduce inevitablemente
al mal gusto.
Es posible -dependiendo de lo que se
entienda por obsceno-, pero es seguro que el
buen y el mal gusto no tienen nada que ver
con el arte. Tienen que ver con la
decoración. ¿Entonces? En realidad la
distinción erotismo/pornografía es la
expresión estético-conceptual de la
necesidad profunda que tiene nuestra
sociedad -o que nuestra sociedad cree que
sigue teniendo- de ghettizar lo sexual.
Pero ¿cómo? ¿La misma sociedad que para
venderle un caramelo a un niño necesita
manipular las incipientes pulsiones de su
libido, la misma sociedad en la que en
Internet florece la industria de la más
elemental y chata representación sexual con
un ímpetu que le envidia la naturaleza en
plena primavera, esa misma sociedad -cuando
lo sexual aflora en el discurso de los que
aspiran a la inspiración y a la habilidad a
los que llamamos arte- sale diccionario en
mano a apartar con un rápido manotazo la
paja del grano, a distinguir lo que sí puede
de lo que no puede decirse?
Llámeselo manotazos de ahogado de los
arcaísmos burgueses, que no quieren darse
por enterados de que las seudodemocracias de
consumo en las que vivimos han desbordado
completamente semejantes marcos de
referencia. Creen todavía en una cultura que
sea el paraíso de los hipócritas.
Cuando nuestros artistas se sacuden
olímpicamente los ghettos temáticos y de
vocabulario -sea en el terreno de la imagen
o en el de la palabra - y encaran sin
restricciones el universo de lo sexual lo
que hacen es cumplir con su deber de
artistas, realizar aquello para lo que el
arte existe: forzarnos a poner en duda
nuestras convicciones profundizando los
niveles de nuestra experiencia.
El mandato del artista hoy como siempre
-aunque hoy se note menos- es remover cada
piedra y empujar cada muro de la prisión en
la que estamos hasta encontrar la grieta por
la que se filtre la esperanza.
El cuerpo y sus significados: la perspectiva
renacentista
Por:Arnulfo Eduardo Velasco (resumen)
Algunas culturas conciben el cuerpo como un
elemento definitorio de lo humano, incluso
como la verdadera definición de todo lo que
podemos concebir como realidad humana;
mientras que para otras sería tan sólo un
contenedor de aquello que realmente define a
la humanidad: una trascendencia que habita
en el cuerpo pero no está totalmente
determinada por él. Dos concepciones
opuestas que, en muchos aspectos,
representan la dicotomía básica sobre la
cual se estructuró la diferencia en cuanto a
la percepción de la fisiología humana en el
periodo de cambio que llevó al surgimiento,
dentro de las estructuras de la Edad Media
Europa, de una realidad cultural nueva.
Para los hombres medievales el cuerpo era,
simple y sencillamente, el espacio habitado
por el verdadero yo, un yo identificado casi
exclusivamente con el alma o el espíritu. En
ciertos sentidos se consideraba al cuerpo
como un simple receptáculo o incluso una
prisión, dentro de la cual se encontraba
ubicado el yo trascendente e inmortal que
definiría realmente al hombre o la mujer.
Esta concepción producía, necesariamente, un
fuerte rechazo social de la corporeidad y de
la mayor parte de sus manifestaciones.
En realidad, el cuerpo era considerado, en
muchos aspectos, no como un componente
básico y definitorio de nuestro ser, sino
como una causa fundamental y directa de
muchos de los males de la humanidad. En el
aspecto que era, de acuerdo a la concepción
teológica de la época, la principal
instancia que llevaba al alma hacia el
pecado. Era necesario, por tanto, doblegarlo
a la fuerza del espíritu, en cierta forma
“espiritualizarlo” para que pudiera
colaborar en el proceso de salvación. El
cuerpo era el componente frágil en la
dicotomía materia/espíritu que se suponía
conformaba y definía al individuo. Sujeto
permanente de la tentación, era a través de
él que se podía más fácilmente obtener la
condenación de la persona. Esta visión
medieval de la corporeidad está
perfectamente representada por la concepción
de San Juan Crisóstomo, quien al hablar de
la mujer señala que “la totalidad de la
belleza de su cuerpo no es sino flema,
sangre, bilis, mucosidad y el fluido del
alimento digerido” (citado por Bohm-Duchen,
1992, 15), marcando así una postura que
intenta visualizar la realidad física del
ser humano como el depósito y el signo de la
suciedad básica, y no como un conjunto de
formas visualmente estéticas. La obsesión de
los autores medievales por las funciones
“bajas” de la fisiología corporal se derivan
de este deseo de marcar su falta de
verdadero valor como entidad trascendente.
Por ello a menudo al cuerpo se le
identificaba incluso con la idea misma del
diablo y el infierno. Es decir, mientras que
el alma parecía ser parte de la divinidad o
derivarse de ella, el cuerpo era algo que
parecería haber sido creado por algún tipo
de instancia infernal. A pesar de que la
misma Biblia señala lo contrario, al
desarrollar el famoso mito en el cual se
afirma que “Jehová Dios formó al hombre del
polvo de la tierra” (Génesis, 2, 7). En ese
sentido se apreciaba la contradicción de que
la tradición judeocristiana afirmara, por
una parte, que Dios era el responsable
directo de la corporeidad humana (y, por
tanto, de todas sus características), pero
simultáneamente rechazara esa misma
corporeidad y buscara identificarla con la
negatividad esencial de lo diabólico.
Las concepciones que se manifiestan ajenas a
esta visión aparecen, como posturas
marginales, propias de grupos a menudo
definidos como heréticos, o correspondientes
a instancias aisladas del sistema social. Es
el caso concreto de todos los actos y
elementos relacionados con lo carnavalesco,
dentro de los cuales el cuerpo es presentado
de una manera distinta, que incluye
elementos revitalizadores y voluntariamente
provocadores. Pero, incluso en esos casos,
el cuerpo era asumido, a menudo, como un
problema básico, como algo relacionado con
significados de ruptura o situaciones
límite, algo que fácilmente deriva hacia los
campos extremos del escándalo o la
escatología.
En cambio, el hombre renacentista se
manifiesta en posesión de una nueva visión
del mundo y de su corporeidad personal,
igualmente compleja pero anclada en gran
medida en una revaloración de lo físico, que
lo lleva incluso a concebir a éste aspecto
de nuestra realidad como un arquetipo
básico, e incluso como una estructura
modélica de formas, proporciones y medidas,
en función de la cual se pretenden
desarrollar los conceptos mismos de cultura
y de arte.
Analizar algunos aspectos de esta nueva
visión de la corporeidad viene siendo por
ello fundamental para comprender el proceso
histórico conocido con el nombre de
Renacimiento. En la base de esta renovación
se encuentra el redescubrimiento, por parte
de Europa occidental, de los textos de la
antigüedad grecorromana y de las
concepciones vitales e intelectuales que
existían en esa cultura y se manifiestan a
través de sus textos. Ese redescubrimiento
determina el surgimiento de una nueva
concepción del lugar del ser humano en el
contexto de la realidad, concepción
habitualmente definida con el nombre de
Humanismo y que, en gran medida, se expresa
a través de un interés renovado en el
individuo, considerado como un hecho en sí,
al margen de la divinidad.
Los humanistas del Renacimiento centraban
sus investigaciones, según Nicola Abbagnano
(1987, 629), en cuatro puntos:
1. El reconocimiento del ser humano como una
totalidad formada de alma y de cuerpo (y no
solamente como un alma aprisionada en un
cuerpo).
2. El reconocimiento de su historicidad (es
decir, de los nexos que lo unen con su
pasado, pero también de sus capacidades para
cambiar y evolucionar en un desarrollo
futuro).
3. La afirmación del valor humano del
estudio de las letras clásicas.
4. La aceptación del hombre como un ser
natural para el cual el conocimiento de la
naturaleza es parte del proceso necesario
para llegar a una verdadera valoración de sí
mismo.
Por supuesto, de todo ello se derivó
necesariamente una concepción nueva, donde
el centro de la preocupación de los
intelectuales dejó de ser, como había sido
durante toda la Edad Media , la idea de
Dios, para interesarse cada vez más en el
concepto mismo de ser humano, visualizado
como individuo y no únicamente como ente
social. Por dicha razón, el término
“humanismo” fue variando paulatinamente su
significado original y comenzó a ser
utilizado para denominar cualquier tipo de
pensamiento en el cual se pone de relieve lo
humano, de una u otra forma.
Para Leonardo da Vinci, la práctica de la
disección era una actividad complementaria e
indispensable en su proceso de intentar
desentrañar los misterios de la corporeidad.
En cierta forma, para estos artistas se
trataba de un proceso encaminado a tratar de
desentrañar la interrelación entre los
componentes puramente físicos o materiales
del ser humano con sus componentes anímicos
o espirituales. Desde un punto de vista
humanista, era obvio que no se podía seguir
concibiendo al cuerpo como una simple
prisión o envoltura de una realidad mayor y
más importante, sino que era necesario
descifrar, en la misma apariencia física,
las claves de lo espiritual. El cuerpo
humano es nuevamente concebido como una
creación de Dios que, por lo tanto, no puede
estar básicamente connotada de negatividad.
Por el contrario, y como todas las demás
creaciones divinas, es visualizado como un
símbolo o metáfora de la trascendencia en
todos sus aspectos.
Así, el resurgimiento del desnudo como
manifestación de un valor espiritual, tal
como había sido concebido a menudo en la
Antigüedad , representa un cambio
fundamental. El cuerpo, de esta forma,
comienza a convertirse en el fin o el
propósito mismos de la representación
pictórica y escultórica. Incluso las
justificaciones para representar un bello
cuerpo desnudo se vuelven cada día más
tenues y prescindibles. Es por ello que las
representaciones de figuras más o menos
desnudas comienzan a proliferar y se
convierten en uno de los signos más visibles
y distintivos de lo que hemos llamado el
Renacimiento.
Por supuesto, esto indica que a los ojos de
los artistas de esa época no podía existir
ninguna cosa tan trascendente ni tan
significativa como el mismo cuerpo humano,
ni que pudiera servir de mejor forma para
representar lo trascendente e incluso lo
indecible. Por algo los antiguos griegos le
prestaron el cuerpo humano a sus dioses,
aunque como señala Tom Flynn (2002, 27):
El antropomorfismo de los dioses griegos no
debe tomarse como indicativo de que éstos
fueran concebidos a imagen de los seres
humanos, sino de que, por el contrario, el
cuerpo humano podía verse como reflejo del
esplendor de la divinidad.
Por otro lado, debemos recordar, como señala
Javier Navarro de Zuvillaga (Argullol et
al., 1998, 162-163), que
En la cultura grecoclásica, el desnudo no
era simplemente una cuestión estética, era
también una cuestión ética. La desnudez era
un paradigma de la experiencia religiosa,
una expresión del proceso de la claridad de
ver, y estaba relacionada con la concepción
agonística de la vida que tenían los griegos
de la época clásica y con la teoría del
conocimiento, con ese desvelar la verdad,
con ese alcanzar la verdad desnuda a la que
se refería, entre otros, Platón con su
famosa alegoría de la caverna.
El Renacimiento también sirve para hacer
tomar conciencia de que la desnudez debe ser
considerada como lo que simplemente es: el
hecho realmente natural del cuerpo, su
estado normal e innato. La ropa, después de
todo, no es sino una superficie que a menudo
sólo sirve de recordatorio y emblema de la
desnudez básica. El vestido es un artificio
y un sistema de control. La desnudez es
simplemente la realidad.
Por supuesto, la representación del cuerpo
tiene también la funcionalidad de convertir
al hecho corporal en un sistema de signos
que comunican cosas muy distintas al cuerpo
mismo en su realidad cotidiana. Es por ello
que el cuerpo puede funcionar como un
símbolo o metáfora de elementos que no
pueden comunicarse de manera más
convencional. En ese sentido, otro elemento
significativo de la época renacentista es el
proceso que lleva a conjuntar las
representaciones de tipo religioso, que
continúan la preocupación medieval por
significar, a través de la imagen, las
imposibles definiciones de lo trascendente,
con elementos tomados de la tradición
grecolatina. Se desarrolla así una nueva
concepción de la representación de la
santidad o incluso de la divinidad, a través
de las formas del cuerpo humano simbólico,
incluso utilizando en ocasiones (con gran
escándalo de ciertos sectores conservadores)
el cuerpo desnudo.
Al plantear sus representaciones visuales
del cuerpo humano, los artistas del
Renacimiento se proponen una actitud
totalmente novedosa, en el sentido de que
ahora se permiten, al contrario de los
creadores del Medioevo, hacer una propuesta
personal, que los define y los determina
como individuos particulares. El artistas
medieval se concebía a sí mismo como un
simple mediador entre la realidad
trascendente y la percepción de sus
receptores. El hombre del Renacimiento
pretende hablar de sí mismo a través de sus
obras.
Por supuesto, no se puede hacer a un lado el
hecho de que muchas de esas búsquedas
renacentistas sobre la corporeidad
representada produjo reacciones negativas
entre sus contemporáneos. El David de Miguel
Ángel fue apedreado por un grupo de
individuos después de que fuera colocado en
la Piazza della Signoria en 1504. Al parecer
esas personas consideraban ofensiva la
desnudez de la figura. Las agresiones sólo
concluyeron cuando a la estatua le fue
agregada una hoja de parra. Pero eso tan
sólo sirve para constatar que, en los
procesos de cambio ideológico, no nos
enfrentamos a modificaciones que abarcan a
todos los estratos de la sociedad. Mucha
gente, en pleno Renacimiento, insistía en
visualizar el cuerpo humano de acuerdo a los
cánones de la Edad Media. Todavía en la
actualidad encontramos personas que hacen lo
mismo. Pero lo importante es señalar que, al
margen de individuos concretos, la propuesta
renacentista significó un cambio fundamental
en la visión que los europeos tenían con
respecto a la realidad física del ser
humano. Un cambio que todavía tiene
significación y trascendencia en los inicios
del siglo XXI. Un cambio que nos ha llevado
a nuevas y cada vez más complejas
exploraciones sobre la definición de lo que
podemos considerar es el ser humano.
El arte, ¿Versión actual de la religión
Por:Josep M. Albaigès, Salou, agosto 2001
(resumen)
¿Debemos entender hoy como arte lo que
entendía un renacentista? Y el concepto de
éste, ¿era el mismo que el de un griego?
Es necesario preguntarse
qué
es el arte. No se trata ya de la creación de
la belleza, sino, de una reflexión sobre sí
mismo. En el momento en que el arte aparece
como un mundo sobre el que sólo los artistas
tienen real acceso (los demás son meros
espectadores, para poder gozar de la obra de
arte deben “entender”, y el maestro es el
artista), el arte se ha convertido en un
arcano destinado al
sanctasanctórum , al que sólo los
sacerdotes tienen acceso.
Cervantes decía que “el hombre se
justificaba por sus obras”; por el
contrario, Tristan Tzara opina que “arte es
todo lo que escupe el artista”. El arte ya
no queda referido a su patrón evaluador
básico, la belleza, sino al propio arte, que
es tanto como decir a las ideas del círculo
que “entiende” de arte. El arte no debe
pasar ya por la “prueba subjetiva” de crear
belleza, sino que la belleza se convierte en
lo que el arte expresa.
¿No son claras las concomitancias con la
antigua religión? Ésta quedaba reservada a
una determinada casta, si no sacerdotal, al
menos poseedora de un sentido capaz de
entender la “revelación” y transmitirla. El
arte actual depende también de un círculo, y
no se crea que éste está formado
exclusivamente por artistas: los marchantes,
los críticos, el periodismo y en definitiva
los propios colegas son los que crean y,
eventualmente destruyen al artista y su
obra.
¿A dónde nos conducirá esta situación? La
historia de la humanidad está formada de
períodos clásicos alternados con otros
románticos. Es por ello inevitable que la
situación actual sea seguida por otra de
ruptura.
¿Como será este
nuevo
arte? Es inevitable pensar que en él
participarán intensamente los mitos que
definen el hombre del siglo XXI, desde la
informática al feminismo, desde la
revolución contra el aparato del Estado a la
sinergia compasiva con las culturas menos
favorecidas.
Algunos signos me
parecen indicar
que su
presencia ya alborea en esos tiempos
revueltos, ansiosos de búsqueda y
renovación.
Algunos pensamientos
“La historia del arte consiste en una serie
de trasgresiones afortunadas”
Susan Sontang
“este voyeurismo, este consumo de la imagen
del “paraíso” destruído revela que detrás
del desastre “natural” se oculta una
devastación humana mucho más esquiva al
lente digital, y que para este desastre,
este tsunami igual de inexorable y mucho más
mortífero, hay palabras como pobreza y
marginalización”.
Susan Sontag
"Fotografiar es poner en la misma línea de
mira, la cabeza, el ojo y el corazón."
H. Cartier-Bresson
"La cámara es un medio fluido para encontrar
esa otra realidad".
Jerry N. Uelsmann
"A medida que avanzaba en mi proyecto, fue
cada vez más obvio que en verdad no
importaba dónde optaba por fotografiar. El
lugar sólo me daba una excusa para producir
un trabajo. [...] sólo se puede ver lo que
se está dispuesto a ver, lo que la mente
refleja en ese momento especial".
George Tice
"Una fotografía es un secreto acerca de un
secreto...cuanto más te dice menos sabes".
Diane Arbus
En la primavera de 1921 se instalaron en
Praga dos máquinas fotográficas automáticas
recientemente inventadas en el extranjero
que reproducían seis o diez o más
exposiciones de la misma persona en la misma
placa. Cuando le llevé a Kafka una serie
semejante de fotografías le dije de buen
humor:
-Por un par de coronas uno puede hacerse
fotografiar desde todos los ángulos. Este
aparato es un Conócete a ti mismo mecánico.
-Un desconócete a ti mismo, querrás decir
-dijo Kafka.
-¿A qué se refiere? -protesté-. ¡La cámara
no miente!
-¿Quién se lo dijo? -Kafka ladeó la cabeza-.
La fotografía concentra nuestra mirada en la
superficie. Por esa razón enturbia la vida
oculta que trasluce a través de los
contornos de las cosas como un juego de
luces y sombras. Eso no se puede captar
siquiera con las lentes más penetrantes. Hay
que buscarlo a tientas con el sentimiento.
[...] Esa cámara automática no multiplica
los ojos de los hombres, sino que se limita
a brindar una versión fantásticamente
simplificada de una mirada de mosca.
(Fragmento de Conversaciones con Kafka, de
Gustav Janouch)
El principal efecto de la fotografía es
convertir el mundo en un supermercado de
imágenes. La imagen cosifica el mundo, lo
hace objeto y lo reduce a miniaturas que
así, capturando espacio y tiempo, se pueden
poseer. Prevalece el espíritu industrial y
aspiramos a capturar el mayor número de
cosas. Pero eso que nos apropiamos ¿es toda
la realidad? ¿O es más incluso? Acercando lo
exótico, volviendo exótico lo familiar y
vulgar se homologa el mundo entero. Este es
uno de los resultados del saqueo fotográfico
del mundo. Al desnudar la cosidad de los
seres humanos, la humanidad de las cosas, la
fotografía transforma la realidad en una
tautología.
Susan Sontag
La fotografía comprometida ha contribuido a
despertar las conciencias tanto como a
adormecerlas."
Susan Sontag
"El fotógrafo es el ser contemporáneo por
excelencia; a través de su mirada el ahora
se transforma en pasado."
Bernice Abbott
"Fotografiar es conferir importancia.”
Whitman
Una sociedad capitalista requiere una
cultura basada en imágenes. Necesita
suministrar muchísimo entretenimiento para
estimular la compra y anestesiar las
lesiones de clase, raza y sexo. Y necesita
reunir cantidades ilimitadas de información
para poder explotar mejor los recursos
naturales, incrementar la productividad,
mantener el orden, hacer la guerra, dar
trabajo a los burócratas. Las cámaras
definen la realidad de las dos maneras
esenciales para el funcionamiento de una
sociedad industrial avanzada: como
espectáculo (para las masas) y como objeto
de vigilancia y de dirección del cambio
social (para los gobernantes). La producción
de imágenes también suministra una ideología
dominante.
Susan sontag |